jueves, 8 de diciembre de 2016

Banda Municipal de Música. La Navidad en los Barrios

Desde 10/12/2016 hasta 10/12/2016

Programa: Banda Municipal de Música;Navidad
Centro: Varios
Horario: 19:00
Banda Municipal de Música. La Navidad en los Barrios

La Navidad en los barrios

Lugar: Iglesia de Jesucristo de los últimos días. Parque Almunia

Programa:

Russian Christmas Music, Alfred Reed
A Christmas Festival, Leroy Anderson
Hymm to the Fallen, John Williams
White Christmas, Irvin Berlin
Hallelujah, Leonard Cohen
Ya nació el Niño, (popular Sudamérica)
Madre, en el puerta hay un niño, (popular España)
El tamborilero, (popular) versión de Miguel Sánchez Ruzafa

Director: Ángel López Carreño

Notas adicionales al programa:


A finales de 1944, en vísperas de la que, a la postre, sería la última Navidad de la Segunda Guerra Mundial, se organizó en Denver, Colorado, un concierto para mejorar las relaciones soviético-estadounidenses. Las obras elegidas fueron composiciones nuevas de autores de la Unión Soviética y de los Estados Unidos, una de ellas la Marcha, op. 99 de Sergei Prokofiev. Dos semanas antes de la fecha prevista para el concierto, se descubrió que esta pieza ya se había interpretado en suelo estadounidense, con lo cual quedaba descartada para el programa. Fue así que se le asignó a Alfred Reed, por aquel entonces un joven y prometedor compositor de 23 años, la creación de una obra para banda basada en temas navideños rusos. El resultado fue Russian Christmas Music, una de sus primerísimas composiciones, que se estrenó el 12 de diciembre de 1944 en dicho concierto, radiado por la emisora NBC a nivel nacional. Reed pretendió con esta obra recrear la sonoridad de la música litúrgica de la iglesia ortodoxa, la cual usa exclusivamente voces humanas, con lo cual un tono coral y lírico resulta omnipresente a lo largo de toda la composición. Es esta una muestra de la temprana maestría de quien, a lo largo de una dilatada y fructífera carrera, acabaría convirtiéndose en uno de los más importantes y prolíficos compositores de música para banda del siglo XX.

Aunque escrita en un solo movimiento, en esta pieza pueden distinguirse con claridad cuatro secciones. La primera de ellas, Carol of the Little Russian Children, se basa en una melodía navideña rusa del siglo XVI. Tras una breve introducción a cargo de las campanas y unas notas sostenidas en las maderas graves, los clarinetes expondrán el tema. Tras pasar este por otras secciones de la banda, esta parte concluirá con una serie de acordes. Unos redobles en crescendo de la percusión enlazarán con la segunda sección, Antiphonal Chant, que recreará el estilo antifonal (en el cual dos coros cantan alternativamente versículos de los salmos). El primer coro lo forman los trombones (más adelante apoyados por el resto de los metales) y el segundo las maderas. Tras unos tristes solos de corno inglés, comentados por el “coro” de las maderas, los clarinetes introducirán un nuevo tema, algo más animado. Siguiendo otra breve intervención del corno inglés, la música irá ganando impulso poco a poco hasta desembocar en unos estrepitosos golpes de timbales, platos y gong. Inmediatamente, los clarinetes introducirán el tema de la siguiente sección, Village Song. El corno inglés y las flautas intervendrán de forma solística y las trompas contestarán a cada uno de estos solos. Entraremos entonces en una parte escrita en compás de 6/4 donde una serie de frases de dos compases de naturaleza coral sonarán en las maderas apoyadas por los metales, mientras que los instrumentos graves de la banda (a los que se unen luego las campanas) tocarán una larga sucesión de corcheas. Un nuevo solo de corno inglés dará fin a esta sección. La parte final de la obra, Cathedral Chorus, comenzará con las campanas evocando un ambiente de celebración. Un crescendo de los trombones y la percusión servirá para que toda la banda alcance un momento culminante. A un breve recuerdo del tema del corno inglés, a cargo de los clarinetes, seguirá el episodio conclusivo de la obra, la cual finalizará esplendorosamente con el regreso majestuoso de la textura coral en fortissimo puntuada por fanfarrias de los metales agudos, contrapuntos de las trompas y un rico uso de la percusión.



En 1950, Arthur Fiedler, el entonces director de la Boston Pops Orchestra (una agrupación dedicada a popularizar composiciones de música orquestal ligera en los Estados Unidos), propuso a Leroy Anderson, quien ya llevaba varios años colaborando con este conjunto como compositor y arreglista, la creación de una obertura conteniendo temas navideños. Este fue el impulso original que dio lugar al nacimiento de A Christmas Festival. Anderson, al emprender esta obra, seleccionó la música navideña más popular del momento, aunque su labor no se quedó en la de mero arreglista de otro popurrí más de villancicos al uso. Lo que se propuso fue otorgar un verdadero desarrollo sinfónico a estos temas, y así fue como acabó creando esta estructura de obertura orquestal construida alrededor de músicas asociadas con el espíritu y la alegría de la Navidad. A lo largo de esta composición, se podrán escuchar las melodías de villancicos clásicos tan esenciales y populares como: Joy to the World; Deck the Halls; God Rest Ye Merry Gentlemen; Good King Wenceslas; Hark! The Herald Angels Sing; Silent Night; Jingle Bells, y Adeste Fideles.



Tras varias décadas de fructífera colaboración, dos genios artísticos de la talla del compositor John Williams y el cineasta Steven Spielberg decidieron aunar de nuevo sus talentos para colaborar en la creación del filme Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998). En esta poderosa narración cinematográfica, que muestra de manera descarnada los brutales horrores de la guerra, director y compositor acordaron que la banda sonora no estaría presente en las escenas de batalla sino solo en las extensas secuencias que las separan y que sirven de comentario y reflexión a las atrocidades que se han mostrado. Hymn to the Fallen es, posiblemente, el episodio musical más soberbio que suena en el filme, en los títulos de crédito finales. La pieza adopta la forma de un noble y elegíaco himno evocador de una sombría atmósfera de tributo, pero el enorme talento de Williams, con su magistral conjugación de instrumentos y voces, consigue crear durante estos minutos de música un intenso y poderoso sentimiento de fuerza y de esperanza capaz de trascender el tono general de reverencia hacia los caídos en el campo de batalla.



Estamos aquí ante la canción navideña más popular en los Estados Unidos. Berlin la escribió originalmente como parte del musical Holiday Inn, que acabó siendo una película del mismo nombre protagonizada por Bing Crosby y Fred Astaire. Se trataba de un canción muy simple que difería en varios aspectos de otras melodías de tema navideño: carecía de ritmos sincopados, no hablaba de personajes imaginarios, y tampoco trataba el tema religioso. Por el contrario, lo que la caracterizaba era la melancolía y la añoranza nostálgica por épocas pasadas.

El compositor esperaba que tuviese cierto éxito, como lo demuestra su comentario de que “esta es no solo la mejor canción que he compuesto, sino la mejor que haya compuesto nadie”. Efectivamente, White Christmas acabó ganando un Óscar en 1942 (el mismo Irving Berlin, presentador del premio a la mejor canción, abrió el sobre para, con gran sorpresa, leer su propio nombre), pero la historia y el destino jugaron un papel muy relevante en su enorme popularidad.

A principios de diciembre de 1941, la base naval de Pearl Harbor era atacada por los japoneses y el país se vio inmerso de lleno en la Segunda Guerra Mundial. Esas navidades, cuando Bing Crosby interpretó la canción durante una emisión de radio en Nochebuena, docenas de miles de personas, muchas de las cuales iban a embarcar hacia frentes lejanos, añadieron una gran carga emocional a esta música. El éxito se prolongó durante las navidades siguientes, y las radios de todo el país y las del ejército hacían sonar la canción una y otra vez. La combinación perfecta de letra y música, junto con las circunstancias tan difíciles que atravesaba el mundo, llevaron al triunfo a esta sencilla canción apoyándose en su poder evocador de tiempos pasados más felices. Acabada la guerra, su popularidad siguió creciendo hasta acabar ocupando un lugar de privilegio en el imaginario colectivo de los estadounidenses. En 1975, durante los días finales de la guerra del Vietnam, se designó como señal secreta para indicar a las tropas el momento de la evacuación de Saigón.

White Christmas aparece en el libro Guinness de los récords como el disco sencillo más vendido de todos los tiempos. Hoy en día continúa siendo la canción de tema navideño de mayor éxito de toda la historia, con más de 100 millones de copias vendidas, una proeza aún más asombrosa cuando tenemos en cuenta que estas 54 palabras y 67 notas fueron escritas por un judío nacido en Rusia para quien la Navidad siempre fue el período doloroso en el que recordar a su hijo de tres semanas muerto un 25 de diciembre.



El propio Cohen relató que esta fue una creación extremadamente difícil para él, hecha y rehecha docenas de veces a lo largo de un período de dos años durante los cuales escribió más de 80 estrofas de texto que acabó desechando en su mayoría. El poema que constituye la letra de la canción no es una alabanza religiosa ni tampoco se puede encasillar a la composición en la categoría de "canción cristiana". Al escribirla, Cohen se basó en historias bíblicas y en la simbología judeocristiana para expresar inseguridades e inquietudes universales, para comunicar la gloria y la pena de amar. Al igual que la canción anterior, White Christmas, el Hallelujah de Cohen se ha convertido con el paso de los años en una de las más populares de todos los tiempos. Ha sido versionada por más de 100 cantantes en docenas de lenguas, y también ha aparecido en decenas de filmes. Es como homenaje a este gran creador del siglo XX (escritor, poeta, cantante y compositor fallecido el 7 de noviembre de este año) que se ha incluido en el programa navideño esta canción, aparecida originalmente en el álbum discográfico Various Positions (1984).



Y, ya para finalizar el concierto, se escucharán tres populares villancicos; dos de raíces hispanas: Ya nació el niño, de ritmos criollos sudamericanos; y Madre, en la puerta hay un niño; y, el tercero, el popularísimo El tamborilero, de origen incierto aunque escrito formalmente por primera vez en 1941 por la profesora estadounidense de música clásica Katherine Kennicott Davis, y versionado desde entonces por artistas como Bing Crosby, Johnny Cash, Marlene Dietrich, The Supremes, Raphael, Joan Baez, Stevie Wonder, Jimi Hendrix, The Jackson 5, o Neil Diamond (entre otros muchos más). Sea como fuere, las repeticiones en ostinato de melodía y ritmo de este villancico siempre consiguen infundir un contagioso tinte épico al espíritu de la Navidad.

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